• En México el suicidio y los trastornos mentales demandan atención urgente y sistemática, según datos recientes del INEGI

Cada 10 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental, ocasión que busca llamar la atención sobre las condiciones mentales y la necesidad de acción efectiva.

Según la Organización Mundial de la Salud, esta fecha “brinda una oportunidad para que todas las partes interesadas trabajen en los problemas de salud mental y por lo que debe hacerse para lograr que la atención de salud mental sea una realidad”.

Para 2025, el lema se centra en «Acceso a servicios: salud mental en catástrofes y emergencias», con el objetivo de promover estructuras capaces de responder en situaciones de crisis

En ese contexto, la Organización Panamericana de la Salud define la salud mental como aquella condición que “permite a las personas afrontar los momentos de estrés de la vida, desarrollar sus habilidades, trabajar de forma productiva y contribuir a su comunidad”

Panorama en México

De acuerdo con el INEGI, en 2024 se registraron 8 mil 856 suicidios de personas de 10 años y más, lo que equivale a una tasa de 6.8 defunciones por cada 100 mil habitantes, cifra superior a la de 2014 (5.1) y 2019 (5.6).

Los estados con tasas más elevadas fueron Chihuahua (16.4), Yucatán (16.2) y Aguascalientes (14.3), mientras que Guerrero (1.6), Chiapas (4.6) y Veracruz (5.6) mostraron las más bajas

En cuanto a trastornos mentales, los datos de 2024 indican que 303 mil 356 personas (205 336 mujeres y 98 020 hombres) recibieron atención en el sistema de salud, de las cuales 52.8 % presentaba ansiedad y 25.1 % depresión.

La Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (2021) del INEGI revela que 15.4 % de la población adulta presentó síntomas de depresión; en mujeres la proporción fue de 19.5 por ciento.

Además, ese mismo estudio señala que 19.3 % de la población experimenta ansiedad severa y otro 31.3 % manifiesta algún grado de ansiedad.

Brechas en atención durante emergencias

La experiencia internacional evidencia que después de catástrofes naturales o conflictos, la demanda por atención en salud mental se incrementa significativamente.

Organismos mundiales han señalado que hasta un tercio de las personas afectadas por emergencias pueden desarrollar síntomas de afecciones mentales.

Bajo el lema de 2025, se hace un llamado para integrar en los protocolos de gestión de riesgos la atención psicológica como parte fundamental de la respuesta

En México, principamente en zonas con alta vulnerabilidad climática o sísmica las autoridades de salud muchas veces priorizan lo físico (lesiones, infraestructura) mientras los servicios de apoyo emocional emergen como complemento tardío.

¿Qué puede hacer la ciudadanía?

Ante este escenario las recomendaciones versan sobre reforzar la preparación comunitaria: promover formación básica en primeros auxilios psicológicos, instalar líneas de apoyo accesibles en zonas remotas durante emergencias y asegurar que en los planes estatales de protección civil se contemple la atención psicosocial.

En lo individual puede mantenerse contacto con redes de apoyo, solicitar ayuda profesional ante signos persistentes de angustia, depresión o pensamiento suicida, y conocer los medios de atención locales (servicios públicos, asociaciones civiles).

Instituciones como la OPS y OMS ofrecen recursos gratuitos para diseño de intervenciones en crisis, cursos virtuales y bibliotecas de guías técnicas

 

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